2007/06/19

Ayer

La chica de la enorme sonrisa me invitó ayer a su casa.
Entre el alboroto producido por múltiples extranjeros, ella y yo hablábamos en castellano, y era casi como si estuviéramos solos.
Hablamos del Poder y del mundo, y de la magia y del embrujo de ser una persona.
Hablamos de los números y de las palabras. De los pensamientos.
Ella se reía, y yo me dedicaba con enorme gusto a hacerla reir.
Éramos un poco como niños. En ese momento solo ella y yo.
Pero algo triste ocurrió:
Entre el Caos de voces que sonaban fuerte, la chica de la enorme sonrisa pronunció las palabras equivocadas.
Esas palabras, que en otro tiempo y en otro espacio, solo podrían haber sido motivo de júbilo, en ese tiempo y en ese espacio opearon en mí una transformación lamentable.
No es tu culpa! Chica de la enorme sonrisa! Tus palabras eran buenas, cuando dijiste que estabas contenta porque yo estaba ahí con vos. Pero fueron demasiado para mí.

Bajamos al living room y miramos televisión. No me gusta la televisión, pero estaba prendida y había que mirarla. Hablamos de Filmus y de Macri, y de Baby Etchecopar, y la risa de ahora no venía del mismo lugar, ya no era música.
Paso a paso sentí que me iba hundiendo en ese fango en el que uno se hunde mas y mas a medida que pelea por salir. Si, ya sé que estoy loco. No puedo controlarlo.
Ahora me doy cuenta, pero en ese instante no era capaz de ver claro.

Había otro en la sala. Un señor extranjero usando la computadora.
Ese señor se fué a dormir y entonces le pedí a ella que me convidara mas té.
Pensamientos densos rodaban en mi cabeza, ansiaba volver a captar su sintonía, sentía que me faltaba su sonrisa, y eso es algo muy peligroso.
Entonces, como preso de un trance suicida, empecé a hablar.

Ayer te mostré, chica de la enorme sonrisa, algo que me apena mucho que hallas tenido que ver: El vergonzoso espectáculo de mi mente desnuda.
Nuestro propio cuerpo desnudo, es motivo de pudor en presencia de otro.
Pero la mente desnuda, en presencia de otro es causa de humillación.
Cargo ahora con el peso de unas palabras torpemente pronunciadas: Palabras que resuenan en mi mente como el clamor de muchas trompetas al unísono.

Fuiste buena conmigo, chica de la enorme sonrisa.

Que los Dioses te acompañen. Y que me permitan ver
antes del fin
una vez más
tu enorme
sonrisa.

1 comments:

Carnófago dijo...

Prefiero no hacer ningún comentario pertinente...

Excepto quizás, que la vida una y otra vez para ser un calco de un mismo guión base.

Aunque claro, hay algunos que son ma´s caros y exquisitos.

¡Exquisito!dnfjdsfrdshtjerht