2006/04/27

Cadenas

Si al dia siguiente le hubieran preguntado como llego alli, no habria sabido responder. Miro a los ojos de su amante y pudo ver que a ella le resultaba atractivo aunque el mismo sabia que no lo era. Vio el deseo arder en los ojos de la amante y tuvo la certeza de que esa noche no lograria complacerla.
No era porque le faltara la inspiracion, ya que en aquel tiempo todavia la encontraba apetecible.
Sentia una fatiga en su espiritu, un llanto que le decia "Esta noche no seras capaz de nada".
Pero ya estaba alli y no era dueño de sus actos, sino que sus hormonas, las de los dos, dirigian inflexiblemente la escena.
Asi entonces se acerco mas a ella arrastrando el peso de su propia transigencia como cadenas aferradas en cada una de sus extremidades.
Beso a la mujer en los labios y despues beso tambien otras partes de su cuerpo, pero se olvido de sentir su sabor: Aquellos besos obedecian mas a un comportamiento ritual que a la pasion que sentia por ella.
Se unieron con un suspiro. El se concentraba en escuchar los sonidos que ella producia, intentaba mirarla a los ojos pero el movimiento de los cuerpos se lo impedia.
En aquel momento solo queria sentir la voz de su alma, que fueran uno en el espiritu como ya lo eran en la carne. Se sentia solo.
La incertidumbre se torno en desaliento, estaba como perdido, como consternado y al mismo tiempo loco de lujuria.
Toda la confusion se mantuvo hasta que ella se percato de su desesperacion y apresuro la llegada de los sonidos del climax.
Fingia y el lo sabia. Se sintio agradecido con ella por un momento, porque sabia que su compasion era autentica, que lo habia perdonado porque le tenia cariño. Se dejo caer, su simiente se derramo finalmente y un frio polar le estrangulo el alma. Despues de eso solo tenia deseos de llorar, de gritar, de huir de alli. Estaba enfurecido contra su amante; ¿como pudo haber sido tan cruel para mostrarse indulgente?
No se atrevio, sin embargo, a dejar salir ninguno de esos impulsos, y se ocultaron uno del otro en un abrazo humedo de sudor frio, un abrazo que no ofrecia refugio. Solo entonces sintio el sonido del viento golpeando a los arboles afuera, y le aterro pensar que el fantasma de la mediocridad los observaba a travez de la ventana.

Esa noche volvio a soñar con su muerte. La muerte con su rostro de mujer joven que se le aparecia a veces para recordarle que ella nunca lo abandonaria, que ella era su espiritu hermano.
Habia tenido ese sueño muchas veces. De la inmensidad donde se econtraban nacia esa musica que el conocia, una melodia que le hablaba de la infancia. Era la musica de los santos, era la melodia que la muerte deseaba bailar con el.
La tomaba por la cintura y se sumergian juntos en el trance de la danza. No le costaba trabajo seguir sus pasos, se sentia inspirado por el baile de la muerte de tal modo que casi podia predecir los movimientos.
Si aquella musica hubiese tenido forma habria sido un huracan de arte y una tormenta de ciencia. Cuando la musica tocaba su climax, en el ojo de la tormenta, sus ojos y los ojos de ella volvian a encontrarse; entonces el intentaba besar los labios de la muerte, pero ella se hacia rapidamente a un lado y le decia:
- Todavia no, querido, todavia no soy tuya.
Lo entendia, y la respetaba porque la amaba.
Entonces la musica de los santos ya no era musica, se convertia mas bien en un conocido sonar estridente de muchas campanas al unisono. La inmensidad se convirtio en habitacion, y en rayo de sol que entraba a travez de la ventana, y en reloj despertador, y en brazo adolorido porque el cuerpo de la amante habia interrumpido la circulacion toda la noche.
- Todavia es temprano.- Se dijo como se decia cada mañana y programo el despertador para que volviera a sonar en quince minutos. Volvio a adormilarse, pero la muerte no regreso. Cuando el reloj sono otra vez tuvo la senzacion de que habian pasado horas. Volvio a mirar, para comprobar que su nocion era equivocada.
Mientras se vestia para ir a trabajar, mientras desayunaba, mientras fumaba el primer cigarrillo de la mañana, tuvo la siniestra idea de estar solo e indefenso a merced del infinito. Se encomendo a Dios creyendo que eso lo tranquilizaba, pero la turbacion no desaparecio.
Al ver su propio rostro mediodespierto en el espejo, sus ojos enrojecidos, su expresion de fatiga y de insatizfaccion, algo en el le recordo a su propia madre. Imagino a esa pequeña mujer, a esa joven que dando alaridos, forcejeando y sudando, con su rostro deformado por el dolor y por la presion, empujaba desde sus entrañas para ayudarlo a salir del utero.
Quizas nunca debio haber salido del utero. Se preguntaba por que habia entrado en el en primer lugar. La angustia le lleno el pecho, por segunda vez quizo llorar, y por segunda vez se lo prohibio a si mismo. Las cadenas que llevaba en sus extremidades se hicieron mas pesadas, los grilletes mordieron con mas fuerza y se sintio agonizar.

Al subir al colectivo penso como al paso, que era afortunado de encontrar un asiento desocupado.
Por la tarde miraba a los ojos de la gente e imaginaba lo que podrian estar pensando, pero a la mañana su imaginacion lo traicionaba y todo le sabia a frustracion y a termino medio, asi que preferia mirar los nombres y las alturas de las calles por la ventanilla, aunque conocia el recorrido de memoria.

Siempre que estaba en su trabajo el cuerpo parecia sublevarsele. La cabeza se le hacia pesada, las manos le respondian torpemente, el sueño lo atormentaba haciendo que los ojos se le salieran de sus orbitas.
Recordo que habia comprado cafe en la maquina. Se dispuso a tomarlo pero ya estaba tibio. Tibio como el, tibio como el mundo, penso, y tuvo que reprimir el impuslo de derramarlo sobre los papeles. Volvio a recordar el sueño de esa noche, no habia pensado en el desde que se levantara de la cama. "Todavia no soy tuya" recordo lentamente que le habia dicho la muerte, y esa frase le sono a horror y a esperanza.
- Debo merecermelo.- Reflexiono, aunque no recordaba haber hecho algo que justificara la presencia de esas cadenas.
Debe ser algo que "no hice", concluyo, y se juro que dejaria ese trabajo.

No paso mucho tiempo hasta que consiguio un trabajo mejor. Eso lo tranquilizo, ya que su amante habia quedado encinta despues de aquel encuentro. Festejo la navidad y su cumpleaños. Volvio a bailar con aquella joven otras docenas de veces, volvio a sumergirse en el trance de la inmensidad y de la musica de los santos, cada una de las veces intento besar los labios de la muerte, y todas fue rechazado.
Con el tiempo se acostumbraba a las cadenas, pero cada año se hacian mas pesadas.
Una tarde cuando volvia a su casa en el subterraneo pensando en lo muy agradable que seria presenciar un atentado en ese instante y desaparecer antes del siguiente, sintio el impulso de gritar, pero esta vez grito tan fuerte como se lo permitio su cuerpo. Al detenerse el tren, corrio a la calle cubierto de lagrimas. Volvio a su casa a pie mientras esa melodia sonaba en su cabeza.
Al llegar se encerro en la habitacion y como inspirado de una mano divina, como cuando seguia con habilidad los pasos de baile de la muerte, escribio la musica de los santos completa en un pentagrama, de una sola vez.
Esa noche se olvido de programar el despertador.

La amante desperto al dia siguiente con el sol implacable del mediodia. Lo vio yacer y encolerizada le grito sobre su irresponzabilidad por faltar al trabajo.
El no respondio.
Solo entonces entendio que estaba muerto. Se sintio triste.


2 comments:

Mortimer. dijo...

"el infierno son los otros"
Jean Paul Sartre.
My friendjeep, escriba mucho, q para deleite de todos nosotros, hay mucho mas dolor existencialista para experimentar.
jajajaja
un abrazo mi queridisimo.

Anónimo dijo...

yo tambien llevo en el cuerpo una condena que siempre me echa a caminar.
siento que soy amigo de tus palabras amigo mio y espero que sigas escribiendo.
Saludos my frienship!!!

by: tripa.